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Software para entrenadores personales: qué mirar antes de pagar un año

Todas las plataformas enseñan la misma captura de una rutina bonita. Lo que las diferencia está en lo que no sale en la web: cómo se cobra, qué pasa al darte de baja y de quién son tus clientes.

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Equipo Kunto

Kunto

Tabla: tres plataformas empatan en rutinas, chat y app; en comisión, tus datos y baja, las nueve casillas están sin contestar.

Elegir plataforma es una decisión de las que cuestan cambiar. Se meten los clientes, se montan las rutinas, se conectan los cobros, y a los seis meses moverse cuesta un fin de semana entero y algún cliente perdido por el camino. Conviene mirar bien la primera vez.

Lo que sigue no es una lista de funciones. Es lo que de verdad decide si vas a seguir usándola dentro de un año, ordenado por lo que más duele cuando falta.

1. Cómo llega el dinero a tu cuenta

Es lo primero porque es lo que menos se mira y lo que más cuesta. Hay tres preguntas y las tres tienen respuesta concreta:

  • ¿Quién es el titular del cobro? Si el dinero pasa por la plataforma antes de llegarte, hay un intermediario en tu tesorería y un plazo que no controlas.
  • ¿Qué comisión se lleva, además de la de la pasarela? Un porcentaje sobre lo que cobras a TUS clientes es un socio silencioso que crece cuando tú creces.
  • ¿Puedes cobrar en efectivo, por Bizum o por transferencia y que quede registrado? El mundo real cobra así, y un software que solo entiende la tarjeta te obliga a llevar dos contabilidades.

2. Agenda y reservas

Si atiendes en persona, esto no es una función más: es el filtro. Sin calendario con reservas, cada cambio de hora es un mensaje, y cada mensaje es una posibilidad de que alguien no aparezca. Lo que hay que mirar dentro:

  • Sesiones que se repiten, con la hora correcta también después del cambio de hora de marzo.
  • Aforo y lista de espera, para que una plaza libre se ocupe sola.
  • Política de cancelación con ventana, avisada al cliente antes de reservar y no cuando ya ha cancelado.
  • Recordatorio automático antes de la sesión. Es la función que menos suena y más plantones evita.

3. Qué pasa cuando el cliente tiene dos profesionales

Un cliente con entrenador y nutricionista es un caso normal, y casi ninguna plataforma lo modela: obligan a que sea cliente de uno, o le abren dos cuentas con dos contraseñas. El resultado es que uno de los dos profesionales acaba trabajando fuera de la herramienta.

Merece la pena preguntarlo aunque hoy no te afecte, porque el día que derives a alguien a una nutricionista amiga, la respuesta decide si seguís los dos dentro.

4. La comunicación, que es donde se pierde la retención

El chat es la pantalla que más se abre y la que peor suelen resolver. Lo que marca la diferencia no es que exista, es lo que se puede meter dentro: mandar una rutina como tarjeta que abre la rutina VIVA —no una foto de la de la semana pasada—, una nota de voz cuando explicar un gesto por escrito es imposible, y una respuesta rápida para lo que se contesta veinte veces por semana.

Y a escala: con ochenta clientes, avisar de que te vas de vacaciones no puede ser ochenta mensajes escritos a mano.

5. De quién son tus datos

Tres preguntas, y las tres se responden antes de firmar, no después:

  1. ¿Puedes exportar tus clientes, sus rutinas y su histórico en un formato que se pueda leer fuera?
  2. ¿La plataforma te contacta a los clientes por su cuenta, o solo tú?
  3. Si dejas de pagar, ¿qué pasa con lo que hay dentro y durante cuánto tiempo?

La primera es la que separa una herramienta de una jaula. Si no hay export, no es que sea difícil irse: es que no puedes.

6. La marca: la tuya, no la suya

Si tu cliente abre una app que lleva el nombre de otra empresa, esa empresa está construyendo su marca con tu trabajo. Merece la pena mirar qué se puede personalizar y qué cuesta: normalmente poner tu logo es barato y quitar el suyo es lo que se paga.

7. El precio, leído por capacidad y no por nombre

Los planes se llaman «Basic», «Pro» y «Premium» en todas partes y no significan lo mismo en ninguna. La comparación honesta es por capacidad: cuántos clientes entran, qué incluye a ese volumen y qué se paga aparte.

Un plan de 19 € que cubre cinco clientes no es más barato que uno de 39 € que cubre veinticinco. Es cuatro veces más caro por cliente, y el error se comete casi siempre.

La segunda trampa del precio son los complementos. Casi todas las plataformas tienen un plan base razonable y luego cobran aparte la biblioteca de ejercicios, la app con tu marca o la web pública. Ninguno de los tres es un capricho, así que la comparación honesta se hace sumando lo que vas a acabar contratando de verdad, no la línea de la portada.

8. Lo que ve tu cliente

Toda la evaluación anterior es sobre TU pantalla, y la que decide la retención es la otra. Merece la pena abrir la aplicación como cliente antes de decidir — y si la demo no te deja hacerlo, eso ya es una respuesta.

  • ¿Puede ver la rutina de hoy sin buscarla? Si hay que navegar tres pantallas para saber qué toca hacer, la abre dos semanas y deja de abrirla.
  • ¿Puede marcar las series hechas en el móvil, con una mano, en el gimnasio? Es la interacción más repetida de todo el producto.
  • ¿Ve el vídeo del ejercicio ahí mismo, o tiene que salir a buscarlo?
  • ¿Necesita instalar una app, o le vale con abrir un enlace? Cada paso de instalación pierde gente, y el que pierdes en el alta no vuelve.

Un detalle que parece menor y no lo es: si el cliente tiene dos profesionales, ¿los ve a los dos en el mismo sitio o tiene que cerrar sesión y entrar en otra cuenta? Es la misma pregunta del punto 3 desde el otro lado, y es la que decide si tu nutricionista de confianza sigue en la herramienta o se vuelve a WhatsApp.

9. Datos de salud: quién responde de qué

Un peso, una lesión previa, una alergia alimentaria o un cuestionario de aptitud física son datos de salud, y eso los pone en una categoría con reglas propias. No es un tema para el final del proceso de compra: es una de las pocas cosas de esta lista que puede costarte dinero de verdad.

Las preguntas que hay que hacer, y que una plataforma seria contesta sin rodeos:

  1. ¿Dónde se guardan los datos y quién puede acceder a ellos?
  2. ¿Existe un contrato de encargado del tratamiento firmado contigo? Tú eres el responsable de los datos de tus clientes; la plataforma los trata por cuenta tuya, y eso se documenta.
  3. Si la herramienta usa inteligencia artificial sobre esos datos, ¿qué se manda exactamente, a quién, y quién ha dado permiso?
  4. ¿Puedes borrar a un cliente de verdad cuando te lo pide, y en cuánto tiempo?

La última se prueba fácil: pide en la demo que te enseñen cómo se borra un cliente. Si la respuesta es «escríbenos un correo», eso es lo que te va a tocar hacer el día que alguien lo pida con un plazo legal encima.

10. Qué pasa el día que dejas de estar solo

La mayoría elige herramienta cuando entrena solo y la cambia cuando contrata al primero. Vale la pena mirar antes cómo se comporta con dos personas dentro, aunque hoy sobre:

  • ¿Puedes dar acceso a otro entrenador sin darle acceso a TODO —tus cobros, tu facturación, tus clientes?
  • ¿Se puede asignar un cliente a un entrenador concreto, y que el resto no lo vea?
  • Si un entrenador se va, ¿sus clientes se quedan en el negocio o se van con su cuenta?

La tercera es la importante y casi nadie la pregunta. Si las plantillas, las rutinas y el histórico cuelgan de la PERSONA en vez de del negocio, contratar a alguien es prestarle tu cartera.

Cómo probarla en dos semanas sin arriesgar nada

Las demos comerciales se hacen con datos perfectos, y por eso no informan. Un protocolo que sí:

  1. Mete tres clientes REALES, con sus rutinas de verdad y su histórico si lo tienes. Los datos de ejemplo esconden justo los casos raros.
  2. Haz un cobro completo de punta a punta, aunque sea de 1 €, y míralo llegar a tu banco. Cuenta los días.
  3. Manda un mensaje desde la cuenta del cliente y mira qué te llega a ti, y cuándo.
  4. Cambia una rutina que ya está asignada y comprueba qué ve el cliente después.
  5. Exporta tus datos. Ese día, no cuando quieras irte.
  6. Cancela la prueba. Cómo de fácil sea cancelar te dice cómo va a ser el resto de la relación.

Si ya estás en otra y quieres cambiarte

Migrar da más miedo del que merece, pero el orden importa. Lo que hace que una migración salga mal casi nunca es la herramienta: es hacerla con todos los clientes a la vez y en temporada alta.

  1. Exporta todo de la actual ANTES de avisar a nadie, y guárdalo aunque no lo uses. Es tu red por si la migración se tuerce.
  2. Empieza por cinco clientes, los que mejor se lleven contigo. Si algo no encaja, lo descubres con cinco personas y no con ochenta.
  3. Mantén las dos herramientas en paralelo un mes. Pagar dos suscripciones un mes es más barato que un fin de semana de incidencias.
  4. Mueve los cobros al final, nunca al principio. Un cobro que falla en mitad de una migración se lee como que has desaparecido con el dinero.
  5. Avisa al cliente con una frase, no con un tutorial: qué le va a llegar, cuándo y qué tiene que hacer. Si necesita instrucciones largas, la herramienta nueva no era tan buena.

Y una regla que ahorra disgustos: no migres en septiembre ni en enero. Son los dos meses en que entra gente nueva, y son los peores para tener la casa levantada.

Las señales de alarma

Ninguna es definitiva por sí sola. Dos juntas sí lo son:

  • No hay precio público, o hay que hablar con comercial para saber cuánto cuesta el plan más pequeño.
  • No hay export de datos, o hay pero «tienes que pedirlo».
  • La comisión sobre lo que TÚ cobras a tus clientes aparece en la letra pequeña y no en la página de precios.
  • El contrato anual no se puede cancelar a mitad bajo ningún concepto, ni siquiera prorrateando.
  • La aplicación del cliente no se puede ver antes de contratar.
  • El soporte es un formulario y no hay un plazo de respuesta escrito en ninguna parte.
¿Merece la pena pagar el plan anual desde el principio?

Solo si ya has probado la herramienta con clientes de verdad durante al menos un mes. El descuento anual suele rondar el 20 %, y ese 20 % no compensa quedarte doce meses atado a algo que no encaja con cómo trabajas.

¿Y si empiezo con una hoja de cálculo?

Es perfectamente razonable con menos de cinco clientes, y deja de serlo en cuanto tienes que acordarte de cobrar. El momento de cambiar no es cuando la hoja se hace grande, es la primera vez que se te pasa un cobro o una renovación.

¿Qué pregunto en la demo?

Tres cosas concretas: cómo llega el dinero a mi cuenta y con qué comisiones, cómo exporto mis datos si me voy, y qué pasa si un cliente mío trabaja también con otro profesional. Las tres se contestan en un minuto si la respuesta es buena.

Pruébalo con tus clientes de verdad

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